viernes, 11 de mayo de 2012

¿Festejar el 10 de mayo?

María del Carmen Castro Vásquez*
A todas las mujeres, madres y no madres
Soy profesionista, soy madre, soy mujer, soy ciudadana, todo al mismo tiempo. Y si, ha sido difícil congeniar tantos roles, pero no me arrepiento de nada y no es para quejarme, la verdad.

Estamos por celebrar el día de las madres, fecha casi sagrada en México en donde usamos la figura de “la madre” (literal) con un sentido santificador, pero también con uno peyorativo, así de contradictorio resulta en nuestra vida cotidiana, ya que por un lado se idealiza a las “madrecitas santas”, pero el trabajo doméstico no es reconocido; se enaltece el sacrificio de cuidado materno y de la familia, pero se siguen violentando no sólo derechos, sino la vida de las mujeres madres (violencia doméstica y feminicidios); el embarazo es motivo de despido o de no contratación o como excusa para no conseguir ascensos en el trabajo.

Como madres socialmente valemos más, pero en términos nominales y simbólicos, ya que el reconocimiento no se traduce en condiciones favorables para nosotras, tanto para las mujeres que trabajamos, como para las que no; la incorporación de las mujeres al mercado laboral, tendencia ascendente en el PEA (población económicamente activa), y el ejercicio de la maternidad es en muchas situaciones francamente excluyente: quien quiera ser madre y trabajadora, que resuelva su maternidad como pueda. A pesar del valor aportado al país en ambos trabajos, el materno y el laboral, seguimos en desventaja, lo que aumenta la desigualdad de género. Por todo ello, y para ser sincera, no me sumo a los festejos con ese sentido comercial, vano, cursi y a veces al límite del ridículo. El festejo del 10 de mayo como hoy lo conocemos (y nos lo venden) es consecuente con su origen, ha cumplido con creces su objetivo, que pocas conocemos, por lo que me interesa compartir el dato y aclarar mi posición.

En términos simples y llanos, el Día de las Madres fue una respuesta política e ideológica ante los aires rebeldes y subversivos que empezaron a sacudir conciencias desde Yucatán, desde mediados de 1916 a mediados de los veintes. Durante estos años se realizaron dos congresos feministas apoyados por el gobernador del estado Salvador Alvarado. Él afirmó “Siempre he creído que mientras no elevemos a la mujer, nos será imposible hacer patria”. Consideraba que las mujeres debían ser educadas, independientes, que supieran ganarse la vida y ser tratadas en condiciones de igualdad y con los mismos derechos ante la ley. Alvarado llegó a afirmar que si las mujeres se educaran “no necesitarían el consuelo de la religión para darle sentido a su vida” ¡en 1916! Imagínese usted caro lector, promover y facilitar este tipo de propuestas de las feministas de ese tiempo, aun hoy, nos parecen difíciles, y pongo como ejemplo uno de los más paradigmáticos: la legalización de la interrupción de embarazo como un derecho básico en la toma de decisiones de las mujeres.

Antes estos aires del sureste del país, era de esperarse la reacción de los conservadores y en 1922 se echó a andar una campaña, inicialmente desde la tribuna del periódico Excélsior, para lograr establecer una día nacional para homenajear a las madres y contrarrestar la campaña de Yucatán, encabezada desde el gobierno del estado, que promovía los beneficios de la planificación familiar. Fue el periodista Rafael Alducín quien alertó sobre los “peligros” que significaba la difusión de “ideas” que no se circunscribían a “nuestra moral social” (Cortina G. Quijano 1998), es decir, el papel tradicional de las mujeres, esencialmente valoradas por su capacidad reproductora, abnegación y sacrificio en aras del bienestar de su familia, a costa del desarrollo del propio. Han pasado ya noventa años de celebrar a las madres, festividad que ha servido más como un mecanismo de reproducción de esa mirada obtusa y represiva, que niega una maternidad dotada de ciudadanía, con derechos, sin duda aspiración de millones de mujeres que cada día se enfrentan a la maternidad sin las armas suficientes para su desarrollo como personas, como ciudadanas de primera clase.

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios en Salud y Sociedad de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: ccastro@colson.edu.mx

Artículo tomado de: Boletín Electrónico Portales de El Colegio de Sonora, publicado el Jueves 10 de mayo de 2012, año 11, número 438

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